Médula Musical

MÉDULA MUSICAL #43: Joe Keery, de sucesos paranormales a loops psicodélicos

By 3 octubre, 2019 No Comments
Joe Keery Djo

Alejada de la multitud, frente a las máquinas de equipaje me adentro aún más en el panorama a través de Copenhague de Vetusta Morla. La simpleza de la correlación entre aeropuertos, idas y venidas. Después de un año estoy volviendo a ser mercancía con patas. Me vuelvo a quedar medio inconsciente en el despegue. 

Hace unos días me ponía a buscar revistas entre el montón de cosas de la estantería. Pensaba que no tenía nada, que en algún arranque las habría tirado todas. Sin embargo, pude calmar mis ganas de recortar y pegar pillando unas cuantas tras quitarles el polvo. Resulta que entre ellas había una Rolling Stone de hace 3 años. Ahí estaba, en una miniatura, una imagen y un pie de foto dándole relevancia, pero poca, a la serie que marcaría una nueva etapa narrativa. Quizá exagero. 

En el verano de 2016, esa estación plagada de desgracias, vino la excelencia en entretenimiento para alegrar, aunque sólo fuese por un día, mi asquerosa existencia. Stranger Things me cogió del pecho, me dilató las pupilas y reactivó mis creencias audiovisuales. No me callaba con la maldita serie. 

Will, Lucas, Dustin, y Mike juegan a Dragones y Mazmorras. La madre del último echa de casa a los demás porque ya va siendo hora de volver a las suyas. Will se adentra en su destartalado hogar. No hay nadie. El miedo empieza a invadirle y desaparece. En el devenir de los acontecimientos y de la serie aparece Steve Harrington, el guaperas del instituto -siempre tiene que haber uno-. El chaval que parece que no tiene escrúpulos con las chicas hasta que, de repente, te das cuenta de que no es así. Me estalla el corazón pensando en su real existencia. Y en él nos quedamos.

Joe Keery Djo

Steve es Joe Keery, actor y cantante que hace poco revolucionó las redes sociales mostrándose en público con un corte de pelo nuevo. Pero, vamos a dejar de lado temas que no son de nuestra incumbencia. Cada uno verá lo que hace con su cuerpo. Pasemos a su faceta musical. Keery formó parte de Post Animal, un grupo formado por 6 chavales -ahora 5-, con guitarras y ritmos psicodélicos. Ahora, Keery le ha dado forma a su proyecto musical en solitario a través de Djo, debutando con ‘Twenty Twenty’. 

Viaje continental, estancia interplanetaria

En un banco de Santo Domingo, mientras me acercaba a Isabel, llevaba a Djo en los auriculares. Por el momento sólo teníamos Roddy en antena. Ella me dijo que se había pasado gran parte de la noche y ese día poniendo en bucle la canción. Se volvió a dar la coincidencia de estar despiertas hasta bien entrada la madrugada y haber hecho lo mismo. Más de 10 años de amistad pasan factura. 

Días más tarde, yo hacía la maleta mientras en mi cabeza, ya se lo había comentado a Isabel, tenía el pensamiento guardado de que Joe Keery iba a sacar su álbum. Era 12 de septiembre cuando despegaba, el 13 iba a tenerlo en Spotify. El ansia. 

La ilusión se fue desvaneciendo después de más de 6 horas de espera. Madrugamos. La gota fría empezaría a arrasar con todo un par de horas después. Previsora y paranoica a la vez me pasé sin pegar ojo la noche anterior pensando en que no podría salir de Murcia. Alerta roja. Una hora de retraso. Por fin aterrizamos. Otra vez a madrugar. Primer día superado.

La noche del 14 de septiembre, tras poder pillar la media hora de wifi que el hotel me dejaba, pude -por fin- escuchar ‘Twenty Twenty’. Cenada, duchada y con la descarga preparada en Spotify, ¡era el momento perfecto! Mi compañero de habitación estaba en la ducha, a mí me gusta escuchar un disco por primera vez a solas.

Como quien habla por Whatsapp con esa persona que le gusta, la piel se erizó. La mitad de la culpa la tenía el frío, la otra la emoción. Me habría puesto a dar vueltas caminando y llevándome las manos a la cabeza mientras le daba al play. El edredón hacía de iglú, los auriculares de fuego, la música era la luz. 

Nuevos sonidos en la intimidad alejada de la rutina. Un edredón compuesto de sintetizadores divididos en 12 pistas me arrastraba cada vez más de la realidad. De nuevo estaba en el laberinto de quien está aprendiendo a leer el mapa del metro. Y ya estamos otra vez sudando en el sur tras la tormenta. It’s showtime. 

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