Amalgama

AMALGAMA #33: DESEO DE SER LIBRE

Belén Gopegui

Belén Gopegui es considerada una de las mejores escritoras del siglo XX y el siglo actual. Estamos ante una de las mayores exponentes de la literatura española contemporánea que tiene en su haber obras como ‘Deseo de ser punk’, ‘El lado frío de la almohada’ o ‘Tocarnos la cara’. Comenzó a destacar en el panorama nacional con ‘La escala de los mapas’, obra que fue Premio Tigre Juan en el año de su publicación, 1993. Además, su libro ‘La conquista del aire’ fue adaptada a la gran pantalla por Gerardo Herrero. También ha ejercido como guionista para el cine y realizó su primera y única incursión en teatro en el 2005 titulada ‘Coloquio.

Yo, como soy un perro cabezón que necesita pico, pala y taladro para comenzar cualquier libro, me he visto en la necesidad de más de una recomendación para iniciar mi viaje por las letras de Gopegui. Parece que tengo por costumbre comenzar el camino del escritor por el final de su recorrido, así que, sin hacer excepción, he devorado ‘Quédate este día y esta noche conmigo, del año previo a este.  A continuación, y con un tono más serio que de costumbre de mis artículos previos, traigo un análisis del libro y mis conclusiones sobre él.

“Las palabras, como los números, son de una precisión finita”

El título de la obra, dedicada in memoriam a Carmen Martín Gaite -pionera de la novela contemporánea posfranquista-, viene dado por Song of Myself, un poema de Walt Whitman que encontramos en ‘Leaves of Grass’. En la misma página en la que encontramos el poema, también aparecen citados el físico Ilya Prigogine y la filósofa Isabelle Stengers, donde se puede leer: “Las palabras, como los números, son de una precisión finita”. Ambas citas vienen a colación tanto por el contenido como por los personajes principales, como veremos a continuación.

‘Quédate este día y esta noche conmigo’ es una novela para mortales, aunque la mayoría de literatura que Gopegui haya leído sea para inmortales. De alguna manera, lo que quiere es apresar el momento. Para la autora, la literatura para mortales no tiene que ver con la condición de mortalidad, sino con que los personajes tengan frases presentes. Que los protagonistas de las historias hablen de que  la vida se pasa en un soplo o reflejen el desconocimiento de la hora de su propia muerte. En definitiva, que se vea una conversación en la, a través de estas reflexiones, los personajes necesitan darle un sentido a la vida.

Ejemplo de ello es Google, una corporación que pretende hacer que el tiempo no exista, como si estuviese reseteándose continuamente. La empresa forma parte importante de la vida, pero no está presente en las novelas. Google busca ordenar toda la información del mundo, pero existe cierta información a la que no puede acceder. Y son estos aspectos inaccesibles los que Gopegui afronta en su novela.

Gopegui también comenta lo que para ella es un libro de manera general. Considera que fue de los primeros espacios virtuales,un sitio donde se encuentran personas en tiempos y espacios diferentes; que no escribimos solo desde el yo romántico. Un libro es algo que hacen muchas personas: correctores, maquetadores, diseñadores… También cree que cuando llega a quien lo lee, viven multitudes y son estas quienes van a leerlo más y le darán más vida.

El problema principal de la novela es el determinismo, un debate que Belén afirma que tenía en casa desde hace mucho con su padre -autor de ‘Cibernética de lo humano- y que su madre, le llevaba la contraria. Es desconocido si vamos a poder predecir todo, es más importante saber si somos lo que nos proponemos o un caos organizado que no sabe a qué reacciona ni cómo. En el determinismo se suele hablar de delitos y Gopegui defiende que el derecho es algo social, que se establece en función del entorno en el que se desarrolla. Otro rasgo destacado es el mérito, que quizá no es tan real como queremos verlo. Se podría definir como que las cosas que haces, las haces bien y por eso te mereces que se reconozca. Se trata de una percepción muy occidental que la escritora reniega de manera tajante.

Belén Gopegui

Libre albedrío y determinismo

La autora, en ‘Quédate este día y esta noche conmigo’, nos presenta, de manera bien clara, a través de sus personajes principales dos ideas: el deseo de un libre albedrío y una postura determinista. La primera idea la encarna Mateo, estudiante y apasionado de la robótica quien, debido a su espíritu joven y rebelde no acepta las injusticias de la probabilidad. La segunda la representa Olga, una empresaria y estadista jubilada, que asoma una postura más determinista, en la que acepta la probabilidad de, por ejemplo, nacer en un entorno seguro o no y ser responsable de las consecuencias, sin poner medallas a quien sale de un clima cerrado, obtuso y con grandes posibilidades de seguir con este ciclo.

Olga, desde su postura, argumenta que “saber que no la tenemos [la libertad]  nos permitirá cambiar las relaciones, distribuir los esfuerzos de un modo más justo”. Y en general, nos deja ver, en esta parte del escrito, una reflexión interesante con unos argumentos magistrales. La protagonista incluso hace que Mateo llegue a un punto en el que se cuestiona todo.

Este diálogo de posturas queda encapsulado en la trama, la cual es, a priori, simple: Mateo desea volver a probar suerte con una de las ofertas que Google lanza cada año para trabajar con ellos, ya que, un intento fallido y correos respuesta que repetían su contenido -deduciendo que era spam-, le dejaron desilusionado. Es en su lugar favorito -coincidiendo con el de Olga-, donde conoce a nuestra otra protagonista. Una mujer ya jubilada, con nada más que el tiempo que le queda y, como se sabrá casi al final de la novela, un hijo que fue al lejano Oriente para no volver.

Ambos tienen un gran afán por el conocimiento de la robótica, y es un libro que Olga le presta a Mateo el desencadenante de su aventura. En un principio, Gopegui nos hace ver que Mateo es quien se siente atraído por Olga, aunque lo más probable es que los sentimientos de Olga hacia Mateo no sean de la misma forma.  Los que siente nuestra protagonista, en un tiempo empresaria, es, más bien, un sentimiento maternalista debido a la ausencia de su hijo.

Mateo y Olga, aunque pueda parecer al principio que son muy similares, difieren en las posturas filosóficas antes descritas. Este conflicto da lugar a la segunda parte, y va in crescendo en la primera, hasta que Mateo explota. Es en este terreno donde más se reflejan sus desencantos.

Podemos encontrar temas como la monotonía que circula por ambas vidas. En la de Mateo, los estudios, una familia que ha tenido que superar demasiados baches y su falta de compartir amor; en la de Olga, un hijo que la ha abandonado, numerosos fallos empresariales y la cercanía de su muerte. Otro pilar de sus conversaciones es la meritocracia -como mencionaba antes-, ya que, mientras que Mateo ve impresionante que una persona pueda salir adelante de las mayores dificultades y trampas que la vida le puede poner, Olga lo ve como una simple cuestión de números. Cree que el azar ha ido con esta persona, ha ganado por estadística.

Llama la atención ver cómo la escritora ha seleccionado a estos personajes y ha creado una historia de amor nada al uso: un chico joven con una mujer mayor. No todo el público puede identificarse con los personajes, pero sí con sus deseos, sentimientos, problemas, situaciones, maneras de decir las cosas… Al final, Gopegui nos quiere transmitir que no importa el quién, sino el qué. Todos tenemos problemas, unos no son mayores ni menores, son simple y llanamente eso, problemas.

Una cita, relacionada con la condición humana que Olga afirma que tenemos -calle de un solo sentido-, da un pequeño rayo de esperanza: “No siempre se cierra el círculo. [Google,] deberías recordar que todos los sistemas están abiertos a eventos que alguien juzgó exteriores, que quiso dejar fuera pero que transformaron su trayectoria”. También, en relación con este asunto se puede resaltar a Mateo: “Cinco proyectos cada tres días, más de mil proyectos o noticias de avances inminentes y en ninguno, Google, has hablado de otro miedo que tal vez tú no tengas, que acaso no conozcas: quebrarse, caer sin haber llegado a alcanzar el honor de las personas que no existen, su fuerza y dignidad”. Con ellas, los protagonistas nos dan a entender dos pensamientos: por un lado, Olga rompe con la creencia de que todo lo que hacemos está predeterminado y, en cierto modo, se posiciona en contra. Por otro, reta a Google a que no es capaz, por mucho que se crea, de controlar absolutamente todo, y va a fallar en esta empresa.

En definitiva, es una lectura amena, sus páginas no alcanzan las doscientas y aunque no implica dificultad en la comprensión lectora, Gopegui nos va dejando guiños y migas para reflexionar e investigar. Sus referencias son amplias, desde la cultura pop, como cuando menciona una canción de The Alan Parsons Project; hasta la alusión a un poema de Lorca.  La obra se puede entender como una especie de diálogo filosófico de a pie en el que se enfrentan dos posturas que han batallado constantemente a lo largo de la historia en los debates filosóficos ya nombrados al principio. Será nuestro turno, como lectores activos, decidir cuál gana esta batalla -o incluso ninguna-. Ambas corrientes pululan por nuestras mentes de manera continua, y la cuestión del libre albedrío o si tan solo somos una compleja máquina untada de números y carne nos acompañará hasta nuestros últimos días.