Médula Musical

MÉDULA MUSICAL #39: Me gustan las lentejas, Cala Vento

By 2 mayo, 2019 No Comments
Portada de Balanceo de Cala Vento

Aleix y Joan son una bella casualidad de mirar twitter y meterme en una canción que compartía alguien por ahí. Acababan de sacar ‘Fruto Panorama’ y empecé a ver la locura de fans que tienen. Todo halagos. Y no me extraña, ya tengo el bandcamp bloqueado de tanto escuchar ese disco. Y el CD de casa medio rallado. Hasta mi madre sabe ya tararear la copla.

Hace unas semanas sacaron ‘Balanceo’ en físico. Se han montado su sello y han ido a por todas lanzándolo primero en formato palpable. Qué ilusión me hace ver que son tan felices con su música. Sobra decir lo felices que nos hacen con ella. Una batería, una guitarra, letras eficaces y certeras. Ahora también está en todas las plataformas digitales, no hay excusa para no llorar por su belleza.

Cada vez que pongo ‘Balanceo’ me invade una nostalgia demasiado profunda, me obliga a indagar en mis recuerdos y me hace plantearme si es que acaso se trata de la banda sonora de mi vida. Y ojo, que también han sacado ‘Balanceo Que Te Veo’, la película del disco formada por cortometrajes para cada canción que evocan recuerdos y creatividad de diferentes personas. Y todos preciosos.

Me pone nerviosa escribir algo sobre dos personas a las que les tengo tanto apego, musicalmente hablando. Cala Vento está en el top de gente que me hace ver el mundo de forma más amable. Son casa. Me hacen sentir fuerte frente a los sentimientos mundanos negativos que nos invaden diariamente. Consiguen que mi cerebro se derrita con las voces sin piel y las estrofas cargadas de la reivindicación sentimentaloide que tanto agradezco.

Con ‘Balanceo’, caminas por la calle mientras te fijas en todo lo que tienes alrededor, menos en la gente. Soledad que se traduce en ir empanada mirando todas las manchas que tiene el suelo, las piezas de ropa que hay colgadas en los balcones o fijarte en las farolas y preguntarte qué hacen encendidas si todavía hay luz. Pasear al perro mientras ves a los niños jugando en el patio y les escuchas proliferar palabras impropias para la edad que tienen, mueves los ojos con desaprobación y sigues caminando. El cristal del autobús se consagra como la pared protectora más efectiva de las mañanas, los prismáticos que te dejan ver a la gente con cara de sueño, bostezando o mirando a la nada. Y ya estás otra vez subiendo las escaleras. O bajándolas. Entrando o saliendo. Viviendo.

 

Ya tú dirás qué piensas

La conjugación de la felicidad y la tristeza de eso que ha empezado pero sabes que tiene fecha de caducidad como el brick de leche, jode. Un día estás sacando la lengua, simulando tener baquetas en las manos, enseñando los dientes y proliferando emociones de sonidos imperfectos con carcajadas. Al otro, tumbada boca arriba con los auriculares a máxima potencia mientras las canciones te hacen recordar que murió. Son las cinco de la mañana y aún no te has ido a dormir. Serán las dos de la tarde y los ojos despertarán deshidratados. La confusión del no saber qué pasa y tener la certeza de saberlo absolutamente todo. Si vas a dejar de venir, al menos dilo.

Otras veces te vas tú, pero pasas más tiempo allí que en el nuevo cubículo que simula ser tu meta. Te reencuentras, nada ha cambiado. Los kilómetros se convierten en abrazos, los meses en motivación. Tampoco es necesario sentir la piel para llegar a quererte, la distancia también acompaña. Los libros, las curiosidades que no sabía, las anécdotas de gente que no conocemos, los lugares que aún no hemos caminado. Hablar cuarenta horas sin decirnos nada. Volver para seguir sin estar.

1. Un buen año

3. Gente como tú

4. Do de pecho

10. La importancia de jugar al baloncesto

11. Fin de ciclo

 

No hace más que fomentar la competitividad entre individuos, donde el bien común pasa a último plano. La máxima preocupación que  adquieres al terminar la carrera es si podrás irte de casa, conseguir trabajar de lo que has estudiado, o plantearte si de verdad lo que te gusta se ajusta a tus principios. Ver el mundo siendo un adefesio duele. Verte a ti mismo dentro del sistema, aún más. La desidia impuesta con veinte años, los libros empolvándose, la silla de la oficina. Leer, ver y compartir espacios con gente de dieciséis a setenta años que no se rinde por desdibujar el panorama, ser la continuidad de otras que hace siglos perseguían el mismo fin. Contagiarte por la rabia sana de querer hacer cosas; que el coche no es para los niños ni la barbie para las niñas; ondear personas y no banderas. El bucle de la existencia.

2. La Comunidad

5. Solo ante el peligro

6. Remedio contra la soledad

7. Todo

8. Bienvenidos a la Tierra

9. Muerte por ambición

Estar arriba y abajo, no terminar de comprender qué hacer y querer hacer mucho más. Un popurrí de libre interpretación con frases inconexas y elocuentes. Pero sobre todo, ‘Balanceo’ es poder seguir disfrutando de las lentejas de tu madre a la hora de comer.

 

Redactado por Belén Bravo.

Fotografía: portada de ‘Balanceo’ de Cala Vento.