Amalgama

AMALGAMA #27 SANTOMÁ RELOADED

By 28 febrero, 2019 No Comments
Santomá Amalgama

UN ROTO EN LA COSTUMBRE

¿Qué tienen en común un Museo como Cerralbo y un vanguardista como Santomá? Pues bastante, la verdad. Esto es por lo que estamos aquí, posmodernxs, por cosas como esta. Por la exposición del arquitecto y diseñador Guillermo Santomá. Donde, a un espacio que ha sufrido cambios desde el XVII hasta el XIX, el artista catalán le acomete con una distorsión material. Situando en su personal espejo neoesperpéntico objetos como, en la entrada del museo, una motocicleta, aquellas en las que nuestros queridos abuelos huertanos se montaban para placer y recolectas en nuestro campo.

El mundo es un lugar mejor desde que la fusión se puso por bandera y la rotura del canon dejó de estar mal vista. Gracias a artistas así, se crean agujeros de gusano que transportan al visitante a una realidad paralela. Un universo que te envuelve con kilos de látex, PVC , gomaespuma y materiales que marcan una anacronía que se sincroniza, sorprendentemente, con la estética primigenia del espacio. Espacios recargados de detalle, maderas requetetalladas al milímetro por capricho del dueño, alfombras persas, bustos imitando al Renacimiento italiano y cuadros que superan por muy poco a los de tu restaurante chino de confianza.

Santomá Amalgama

El uso del ámbito espacial es simplemente genial. Santomá traslada su mundo de juego y creación al palacete. Dota de objetos tan pop como unas luces de neón a una mesa presidencial. La rejilla del radiador delantero de un Audi entre retratos del dieciocho, un abuso de confianza que sale a la perfección. La cosa es que estas mezclas pegan, y lo digo totalmente en serio.

Ya afirma Santomá que, el Cerralbo, “me da tranquilidad que [el museo] sea más barroco que yo”. Esto me recuerda a la sentencia de una profesora de mi facultad: nunca haemos superado el Barroco, simplemente han cambiado los medios de expresión. Guillermo Santomá presenta una diégesis en la que atemporalidad es su mayor arma. El piano que se tocó en la inauguración de la instalación está cubierto por corcho color azul baby, bafles y asimetría. Algo que no a todos los viandantes les convencía.

“Que me devuelvan mis tres euros, Maribel”

Me gustaría destacar la intervención especial de las chicas de la Edad de Oro. No estaban muy convencidas del empleo de un espacio tan imponente como lo es el Cerralbo para una obra así. Se podía escuchar su inconformismo con respecto a la instalación: “¿Quién se ha encargado de esto, el ministro de Cultura?”; “Podrían haber raspado alguna pared montando esos trastos”; o, la perla final, “Que me devuelvan mis tres euros, Maribel”.

Menos mal que en la otra cara de la moneda tenemos al señor curioso que me preguntó para qué servía el Miami Couch instalado. Le contesté amablemente: “Para servir el té, unas pastas y echarte la siesta si eres bajitx”. En ocasiones (muy contadas, dos, como leeréis ahora), quiero dejar claro que al artista se le va un poco el cachondeo a Parla, como sucede con Greenshit (no sense), o Chandelier (siendo la idea muy buena en esta obra, pero en la ejecución creo que se le queda un pelín corta de fuerza).

Santomá Amalgama

Cualquier persona que visite estos días la capital del Estado español llamada Madrid, debe pasarse por el Museo Cerralbo para contemplar esta instalación. Es una verdadera maravilla el microcosmos que Guillermo Santomá ha dibujado. Eso sí, aléjense si, en su caso, es una señora mayor, fan de Jesús Mariñas y las Campos, digna de ser expuesta en la vitrina junto a los platos de gatitos de porcelana, la cucharita de plata de la Primera Comunión, que exige sus tres euros que se podría haber gastado en la Lecturas o el Hola, o en una Pronto y unos cigarros sueltos. Santomá, sigue así, porque nos gusta ver a señoras tirarse del pelo y rasgarse las vestiduras, mientras artistas como tú abren espacios de cuajo y les trasplantan sus creaciones como si de Frankenstein se tratara.

 

Redactado por Guillermo Doménech Fructuoso.