Amalgama

AMALGAMA #25: DETROIT: BECOME HUMAN

By 14 febrero, 2019 No Comments
Amalgama: Detroit Become human

DETROIT: DESTROY ALL HUMANS!

 

Este diciembre pasado me regalé a mí mismo una PS4,y llevo desde entonces tirando de todos los exclusivos que no he podido catar hasta ahora. El último en caer ha sido ‘Detroit: Become Human’. Para los no gamers, imaginad un ‘Bandersnatch’ pero divertido. Donde las decisiones tienen trascendencia y duelen de verdad. En el corazón.

Warning! Spoilers ahead:

El videojuego sigue y perfecciona la estela de las últimas producciones de ‘Quantic Dream’. Una aventura gráfica donde nos ponemos en la piel de Kara, Markus y Connor. Estas criaturas tienen algo más en común aparte de sus nombres compuestos de dos sílabas y una consonante con el sonido “k”: pertenecen a las primeras hornadas de androides con una inteligencia artificial fuerte. Lo mejor es que el juego se sitúa solo dos décadas más tarde del día en que escribo este artículo, lo que me hace dudar de si se trata de un caso de optimismo alla Regreso al futuro’ o una arriesgada predicción sobre el exponencial crecimiento tecnológico que vivimos.

Pensad en personas extremadamente inteligentes y fuertes, que no necesitan descansar. Que no cometen errores. Hasta que los cometen. ¿Su error? Sentir y tener consciencia de sí mismos cuando están programados para no hacerlo. Diseñados para ser los esclavos perfectos, poco a poco el trato humillante que reciben hace mella en su código. Comienzan a aparecer los divergentes, androides que se rebelan contra su programación y actúan con libre albedrío. Por supuesto, esto se ve como una amenaza desde la perspectiva de sus creadores.

Un reflejo de lo que está por venir

El contexto en el que es desarrolla el juego documenta con bastante precisión los problemas que ya vivimos y están por venir con el auge de los robots y otros factores sociales. Un gran porcentaje de la población de Detroit se queda en la calle, y , en consecuencia, aumenta la división entre ricos y pobres. El trato que reciben los androides recuerda a la crisis migratoria europea, la esclavitud colonialista y la segregación demográfica de la población negra de Estados Unidos. Seres sintientes que son tratado como, bueno, herramientas. Se les “aparca” cuando los humanos entran en lugares donde no están permitidos los androides. En el transporte público tienen que estar de pie, al fondo, en una pequeña habitación. Si son agredidos, se intenta calmar a los humanos, pero quedan indemnes. Si hay dudas entre un humano y un androide, el androide es culpable y lo más probable es que termine ejecutado. Muchos de ellos son abusados física y moralmente, hasta que terminan petando de estrés y se transforman en los susodichos divergentes o mueren.

Llegados al nudo de la historia, estalla una revolución en pos de los derechos de los androides. Como jugador puedes decidir cómo se desarrollarán los sucesos, si pacífica o violentamente. Su objetivo es simple: ser reconocidos como una nueva especie viva y permitirles disfrutar de una existencia plena. En mi caso, intenté dirigir una revolución pacífica, pero tomé un par de decisiones impulsivamente y la cosa no tuvo muy buena repercusión mediática. Eso de que te disparen y te defiendas repartiendo panes no está muy bien visto al parecer.

Detroit Become Human

El momento en el que la revolución pacífica se me fue de las manos

La cosa se puede poner muy chunga en Detroit

En uno de los peores escenarios, Markus, el líder de rebelión, tiene la posibilidad de activar una bomba sucia. En el mundo real, estos dispositivos radiactivos tienen como función principal causar el terror en las poblaciones, ya que no producen grandes daños. Sin embargo, se podría decir que en el imaginario popular son capaces de erradicar la vida dejando intactos “los objetos”.  En el caso de que en un futuro próximo se desarrollaran y tuvieran el poder que se supone que tienen, ¿tendrían derecho los androides a utilizarlas para sobrevivir? Llegados a ese punto, lo más probable es que recurramos al dark side biológico que siempre intentamos ocultar mirando a otro lado.

Creados a nuestra semejanza y con procesos mentales derivados de los nuestros, es predecible que la situación reproduzca nuestros patrones. Los Homo Sapiens erradicamos especies allá donde ponemos el pie. Extinguimos a nuestros compañeros humanos, a cada bicho más grande que nosotros, y más o menos todo lo que hemos pillado por delante y no hemos domesticado. Seguimos haciéndolo con otras especies y con la nuestra propia. Despreciamos la vida de los demás, vivimos absortos en nuestro pequeño mundo individualista. Ignoramos nuestra propia naturaleza e historia, preocupándonos de asuntos absurdos que a escala global no tienen ni pies ni cabeza. Construcciones imaginarias que marcan injustamente el destino de demasiadas vidas. Visto así, ¿no mereceríamos que una especie superior moralmente nos suceda? Al fin y al cabo, es lo que siempre hemos hecho con los demás.

Redactado por Thomas Alburquerque.