Médula Musical

MÉDULA MUSICAL #30: SOLEDAD VÉLEZ

By 22 enero, 2019 No Comments

LA COMPLEJIDAD SENCILLA

Lo primero que pensé cuando escuché a Soledad Vélez fue que su disco me parecía la banda sonora de Stranger Things. Y seguro que no soy la única. Pero enseguida esa voz rota, letras simples pero profundas y sintetizadores me abrazaron. No he conseguido soltarme. En realidad miento, esa fue la segunda vez que la escuché. La primera fue con Alejandro, cuando sacó su móvil y me la puso. Hablábamos del querer y precisamente de eso va ‘Nuevas Épocas’. Fue al día siguiente cuando me abrazó.  

Soy novata en la sala y lo primero en lo que me fijo es en un neón con la cara de Freddie Mercury, ¡está en todas partes! El sitio aún está medio vacío pero el ritual de acercarse a la barra a pedir tercios ya ha comenzado. Llegamos pronto. Minutos después se escuchan palmas en el escenario: las Komorebi  habían iniciado sus armonías hipnóticas. 

Entre violines, ritmos potentes y miradas cómplices se da el pistoletazo del Microsonidos 2019. Es la segunda vez que veo a Julia y Sofía sobre un escenario. La primera fue en la calle durante el Big Up! y con el sol en la cara. Ahora puedo disfrutar mejor y hacen que me pregunte intensamente si lo que nos transmiten es todo fruto de la improvisación o está milimétricamente ensayado. Conforman un dúo que se mueve entre música clásica, consecuencia de los violines; y  la electrónica más experimental, a causa de los samples recurrentes en sus actuaciones. Se atreven con letras cortas y que se acercan más a reflexiones existenciales y trazas de amor. Gran aperitivo que consigue paliar el hambre. Corto. Intenso.

En el parón veo a Alejandro contento por la actuación y las fotos. Me dice que quiere más humo con Soledad. Que quiere experimentar más. Enseguida está sobre el escenario. Enérgica, sonriente y con la cerveza en la mano para los silencios. Toca las diez canciones que componen ‘Nuevas Épocas’, su  primer disco en español que explora la atracción humana, el compañerismo y la desilusión del amor no correspondido. Y para ello, no hace alarde de letras complejas plagadas de adornos, sino que aborda la simplicidad para conceptos tan complejos. La simplicidad necesaria para que te llegue directamente al corazón.

Hacia la mitad toca ‘Compañera’, un tema que habla sobre feminismo, sororidad y violencia de género en tan sólo tres estrofas. Soledad explica lo importante que ha sido y es la canción para ella. Y para nosotras. La sensibilidad que maneja vuelve a clavarse en mi pecho.

(…)Mi alma, despierta

Yo soy mujer, tu compañera

No dejes que el amor te pierda

Que no te de miedo hablar

Que no te de miedo vivir

No tengas miedo, no tengas miedo

Que yo también puedo pensar por mí (…)

Medio estática, medio arrítmica sigo embobada por el alarde de simpatía, cercanía y vanidad en el escenario. Le gusta la performance, las caras trágicas y mover mucho las manos cantándote cara a cara. Me sentía en el videoclip de ‘Jóvenes’ mientras la veía caminar de un lado a otro enérgicamente como si estuviese en el salón de su casa dándolo todo sin que nadie la viese.

Silencio, por favor

Pero no todo van a ser sentimientos inefables por su música, como se puede apreciar en este escrito torpe y carente de objetividad. Lo cierto es que la experiencia Soledad fue difícil de disfrutar al completo por culpa de un público irrespetuoso. Al menos, el cercano a mí. Eran constantes los gritos y las conversaciones alejadas de los susurros. No me extraña que cierta sala murciana haya optado hace poco por poner mensajes con “Guarda silencio. Respeta al artista y al público”. Estas actitudes carentes de sentido hacen que salgas medio mosca, lo que ofusca más teniendo en cuenta el encandilamiento con Soledad. El desasosiego aún dura.

¡Que la mala educación no haga decaer los ánimos! Soledad cierra con ‘Esta noche’, aquella primera canción que Alejandro me hizo escuchar y los bailecitos descontrolados propios de un público medio moderno -me incluyo, por supuesto- se apropian de la sala. Somos sintetizadores vibrando. ¡Espera! Ha vuelto al grito de “Que nadie grabe un puto video” para deleitarnos en primicia con un single que aún no sale a la luz. Pienso en que soy partidaria de la filosofía de Los Punsetes de tocar todo el setlist de corrido y sin parafernalias de irse y volver, pero ahí estoy tarumba y feliz. Alejandro satisfecho por haber podido bailar y hacer fotos a la vez.

 

Redactado por Belén Bravo

Fotografías de Alejandro Paraíso