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AMALGAMA #19: AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO

By 12 diciembre, 2018 No Comments

MÁS VELOCISTA QUE MARATONIANO

Hace cosa de un mes, después de una terrible y falsa sesión porno en la Cineteca, Juanma, Ramón y yo fuimos al bar del futbolín que hay al salir de Matadero. Yo, poco participativa y algo distraída; ellos, algo borrachos y bastante más conversadores. Hablaban de jardines, de números de teléfono escritos en papel naranja, de pedir más mayonesa (esto es una constante en cualquier lugar) y de señores desconocidos para mí. Hablaban, en concreto (ahora lo sé), de Agustín Fernández Mallo y de un libro llamado Nocilla y de otro libro llamado Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus. Con gesto curioso y divertido (mezclar a Wittgenstein con tetas me parece como mezclar la uva con queso roquefort: una pequeña genialidad), busqué el título en Google y pinché en una entrada de un blog donde aparecían dos fragmentos del poemario. Eran estos:

“Darse cuenta de que esos números a lápiz dejados por los carpinteros en los marcos de las puertas, en el reverso de las mesas, o en el interior de los cajones [supongo que también Dios olvidó signos por ahí tras crear el mundo], obedecen a un plan. Darse cuenta tras mucho indagar de que son fragmentos de música cósmica, quiero decir, de tu rostro, pues en él están las partituras [también las futuras]. Darse cuenta de que esto es mentira y aun así invertir toda la vida en demostrarlo; ésa es la tarea. Soy el camino más corto entre tu alma [que se queda], y tu cuerpo [que se va].”

y

“Voy amontonando, para cuando regreses, tarros vacíos, tu especie de flor blanca, cortinas transparentes, la cubitera, dos sillas [sólo dos], tus cuadros, tu perfume, sábanas, pañuelos, relojes automáticos, cartas escritas estos años, la máquina de escribir, la maniquí que siento a mi mesa, maletas abiertas [de ida o vuelta, no se sabe], un espejo que amplifica la belleza, collares de perlas, vestidos de noche, la loción, la espuma, la cuchilla, la palangana, puñados de arena [uno por día], fotografías que nos haremos, algunas piedras del muelle, el silbato de la tetera, las ráfagas del faro, el haz de gaviotas que anunciarán tu llegada. Voy amontonando objetos para que cuando regreses halles aquí tu doble; para que no quepas; para que no regreses. Que seas feliz. Donde quieras que estés.”

Un poco atragantada, ciertamente inquieta y, sobre todo, muy contenta (la triada del pellizco que es descubrir), apunté “tractatus pezones” en una nota (esas maquetas de las cosas importantes) y seguí bebiendo, supongo. Días después, leí el libro. Ahora puedo decir que yo siempre regresaré a los pezones, al punto 7 del Tractatus y a Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus.

Sobre Agustín Fernández Mallo (por Pablo García Casado): “Físico y escritor, nacido en La Coruña, pero alimentado y crecido en toda la Pangea, no se puede enmarcar su poesía dentro de un grupo generacional, sino que en sí misma es un discurso. Nos hallamos ante una obra total y en proceso, inorgánica, plural y multiforme. Una muestra completa donde los lectores de su narrativa encontrarán interacciones y correspondencias, aunque aquí desde una propuesta más esencialista, más de velocista que de maratoniano”.

 

Redactado por Carmen Caballero