LA DELICADEZA DE DESCONOCER

Intentaba comentar algo de música contemporánea, pero recordé esta historia sobre Sibylle Baier y ya nada valía. Podéis poner una de sus canciones de fondo, esta es mi preferida y cualquiera es perfecta.

Stuttgart, Alemania, 1970.

Esta noche se termina y no duermo, me pregunto cómo sería volver hastiada y tropezar con la intimidad compartida. Esta noche, cuando todavía queda lodo y me pesa la cabeza, las cuerdas de mi guitarra se vuelven verdes. Saco mi máquina de grabación reel-to-reel; en la butaca del salón aprovecho que el mundo está muerto. Cruzo de nuevo hasta donde Claudine me arrastró, desde Stuttgart hasta Ginebra.

No sólo los alemanes, sino todas las personas de este penúltimo viaje contenían algo para ser sólidos; y yo, con la extraña carencia, presagiaba que me desharía. Aunque Elliot insista, discerní que la tristeza no es hermosa. Había sido insoportable estar tan perdida; una adelanto imposible de la mente por sobrevivir.

Recogida en la disociación temporal, improviso 50 años de mirar nieve por la ventana. Es la falta de ruido, los fantásticos copos amortiguan sin eco. Quiero memorizar lo ásperas que siento las manos cuando toco la guitarra y quedarme aquí, sin proyectarme en quien no conozco. Escribo mientras se agalopan para ser expresadas, se revelan entre las notas las respuestas como un exorcismo.

Desde niña, en mis paseos nocturnos buscaba la casa del viejo profesor iluminada. Mr. Will leyendo, la lámpara, el naranja, la taza, la estantería. Sabía que ese era el equilibrio requerido. Ahora me pienso y río: “chica, tenías los recuerdos intensos y pequeños, pero has tenido que cantar para atraparlos”.

Levanto el mentón y reparo en las habitaciones borrosas por la luz, ¿sabían que haría físico el desarraigo? De estos cassettes guardaré alguno como diario, los otros serán regalos para mis amigos. Compondré esta música, habitaré esta vida y me escucharán mis hijos, las calles compañeras y su tacto americano. Será lo que me incite a olvidar: una carrera rápida hasta la panadería, unas ventanas grandes, el mar o la montaña, y la pequeña en su mundo banal”.

Cantante Baier

Sibylle Baier es alemana y vive en Estados Unidos. Su hijo Robby es el productor musical que encontró 14 canciones inabarcables guardadas en viejos cassettes de los 70.  

 

 

Redactado por Laura Serrano.

Ilustración de Gabriel Pacheco.