CRÓNICA DE UN DESCUBRIMIENTO Y UNA HUIDA

A Aurora, que hace de su espíritu animal la polilla, la escuché por primera vez vagando largamente por los related videos de YouTube. Siquiera recuerdo si me gustó o no de primeras. Cuando pienso en el recuerdo más lejano que tengo de Aurora, me veo a mí mismo dando a replay a los dos únicos singles que tenía por el momento ‘Running with Wolves’ y ‘Runaway’. Por los títulos, se podría extraer que a esta joven le gusta correr. Una suerte de canciones de pop minimalista con letras introspectivas, en equilibrio perfecto entre la melancolía y la esperanza.  Por entonces, era uno de esos tesoros que guarda uno para sí mismo. En este caso, se trataba de un tesoro especialmente prometedor: Aurora apenas cumplía la mayoría de edad, y ya demostraba una sensibilidad única. Resultaba obvio que se haría conocida, y no me equivoqué: La música de Aurora apareció en un montón de grandes producciones, como el videojuego ‘Mass Effect: Andromeda’ o la película ‘Alien: Covenant’.

Por mi parte, ya había conquistado la posición de “la obsesión del momento”. En ese tiempo, me aventuré con dos proezas con fueron del todo bien: lograr la licencia oficial para versionar una de sus canciones, versión que jamás salió a la luz y que es mejor enterrar en el olvido, y verla de chiripa en Fopp, donde ofrecía un showcase acústico y firma de discos en Londres, al día siguiente de que Grimes presentara con dos horas de retraso ‘Art Angels’ en la Brixton Academy. En dicho showcase aprendí que la palabra qeue se pronuncia qiuu, y que su significado es mucho más largo que la palabra que lo significa. Y que free entrance puede tener tantos matices como que para entrar necesites el disco (obvio, es una firma de discos), y que si no lo tienes, te toque soltar 18£ para poder entrar. Eso sí, no es un ticket lo que compras, es el álbum.

Aurora at Fopp, London
Aurora, antes de tocar en Fopp, Londres

Así que ahí estaba yo. Tras media hora de qeue, logré colocarme al final de la pequeña sala.De vez en cuando  podía llegar a discernir el escenario entre la gente. Y cuando digo escenario, digo eso: el roll up con el título del evento, el banner del local, y poco más. Sabía que pasaban cosas porque la gente estaba muy concentrada. A mi lado había personas hablando en español, e intentaba poner la antena por si me enteraba de qué pasaba, pero hablaban de sus asuntos. Poco después empezó a sonar una guitarra acústica y una vocecilla conocida. Aurora no tenía micrófono, pero sonaba clara y cercana a través de las filas de gente. Si me retorcía un poco más, lograba vislumbrar algún que otro mechón casi blanco, e incluso parte de su cabeza. Tocaron aproximadamente veinte minutos. Fue cortísimo. Con el necesito más agarrado en el pecho, pasó algo que no esperaba. Y es que por entonces aún no sabía que era una firma de libros. Como con Moisés, el gentío se dividió en dos, dejando un estrecho camino que pasaba justo donde estaba yo. Cuando saludó antes de comenzar el concierto, se disculpó por ser “too tiny” que fuera difícil llegar a verla. Pero cuando pasó, lo que percibí fue justo lo contrario; una criatura grande,con una presencia que llenaba todo el espacio que la rodeaba. Lo que pasó después fue un punto de inflexión en mi relación con ella y su música.

Cuando conoces a alguien a quien admiras, pueden pasar dos cosas. Primero, que le admiras aún más y te llevas un grato recuerdo. Segundo, que la experiencia pasa del plano platónico al aristotélico, y todo se va a la mierda. Podéis imaginar qué pasó. Hasta entonces, yo estaba por Londres en calidad de turista observador, con un supuesto inglés fluido que llevaba escondido desde que pisé la isla. Así que cuando me saludó yo me rompí. Me apresuré a extenderle mi ejemplar reciénd comprado de ‘All My Demons Greet Me As a Friend’ para que lo firmara y terminar con esto cuanto antes. Ella no dejaba de hablarme y decir cosas amables mientras escribía con su rotulador de tinta dorada. Para mejorar las cosas, decidí darle una copia de mi disco (‘Moksha’), que casualmente llevaba en mano. Aurora se sorprendió y me preguntó qué era eso. Contesté como pude. Volvió a sorprenderse. Se quedó observando la portada y contraportada. Con una modulación perfecta de la voz, respondió: “For me?” “Oh, Really?” “It’s so pretty!” “Thank you so much”. Se quedó mirándome fijamente, sonriendo. Por un momento, parecía que era ella la que venía a verme a mí. Sentí que su palabras eran genuinas, y guardó el disco. Y ahí ya me morí, y volví a ser un adolescente deseando enterrarse varios kilómetros más abajo. Intenté decirle algo más, pero perdí la capacidad del habla, ella no me entendía, y su rostro pasó de amabilidad a un “Are you ok?” y huí torpemente. Muy torpemente.

SOBREVIVIR A LA RUPTURA Y QUEDAR COMO AMIGOS

Han pasado algunos años, y estoy cerca de superar el trauma teenager, y he decir que su segundo álbum, Infections of a different kind’, que salió el 28 de Septiembre, me ha sorprendido positivamente. No sabía muy bien qué esperar tras las decepción su single promocional ‘Queendom’. Se acercaba demasiado a las turbias aguas del producto comercial, con unas energías de personaje más que de obra, un target evidentísimo y una temática demasiado en boga. Un susto que se calmó al escuchar el resto del ‘Infections’. Si en los comienzos de su andadura se la relacionó con Björk, dicha influencia se reafirma en canciones como ‘So Quiet’. Influencias a las que podría sumarse Enya, y, no sé porqué, me da que alguien ha escuchado Arvo Pärt en algún momento de la producción del álbum.Con canciones de temática más directa y vital, que deja de regodearse con la melancolía de su anterior lanzamiento, una electrónica colorida y arreglos más valientes – a veces un poco horteras-, Aurora da un paso hacia delante hacia su madurez como artista, a un sabe lo que quiere.

 

Redactado por Thomas Alburquerque.