EL FANZINE COMO PROCESO CATALIZADOR

Que Mandarina Tango es la reina de los viajes improvisados y absurdos no es novedad para ninguno de nosotros. Un día, llamó a Rouge Avril y le dijo: «Tronca, haz la mochila que nos vamos pal Graf.» Y así comenzó una odisea de viaje durante el cual un señor en zapatillas de andar por casa decidió que los auriculares del móvil no eran para él y que todo el mundo debía escuchar una selección musical que comenzaba por Julio Iglesias y culminaba en rancheras.

Contra todo pronóstico y tras sobrevivir a la tortura perpetrada en aquel vagón de Renfe, consiguieron levantarse y encontrar el camino hasta el espacio de Fabra I Coats (Barcelona) en el que se celebraba esta edición del festival. Es en la primera vuelta dedicada a la criba en la que decidirían en qué fanzines invertían los veinte euros que les habían sobrado al comprar los billetes (no las juzguéis, son un poco pobres) en la que se encuentran con Marta Cartu. Ana le hace unas fotos que posteriormente perdería porque su tarjeta SD se partiría en dos, pero ya era consciente de cómo el trabajo de aquella chica que incluía cebollas en sus fanzines, la había conquistado por completo.

El trabajo de esta autora, en su mayor parte autobiográfico, es capaz de generar en el lector una especie de sentimiento de coexistencia debido a la narración en sus publicaciones de situaciones cotidianas tales como la búsqueda de una prenda o las expectativas a la hora de trasladarse a un nuevo hogar, con las que dicho lector es capaz de sentirse fácilmente identificado. También conocida por su proyecto de autoedición Alma Nómada, sus obras, a pesar de abarcar tendencias estilísticas distintas a lo largo de toda su producción, son siempre capaces de reflejar personalidad propia. Y es que Cartu, considera que la producción del fanzine es prácticamente un proceso catalizador a través del cual, reside en el material publicado una partecita de aquel que lo ha creado. Es por eso quizás, que toda su producción suele ir acompañada de objetos relacionados con la obra que resultan ser únicos. Así, su fanzine Capas,  por ejemplo, viene acompañado de una cebolla, y Gotelé, lo hace de un trozo de pared.

Gotelé, de Marta Cartu.

En la charla de «Nuevas promesas de la autoedición», Marta comenta que para ella el fanzine no es un formato que busque la exclusividad a no ser que hablemos de una serie. Ella permite que todo fluya, ya que si no, se dedicaría como autora al formato de libro de artista. Resulta difícil para ella producir historias largas. «Soy muy inquieta. Cuando hago algo, siempre pienso que quiero hacer otra cosa, así que no consigo que algo termine durando en el tiempo», comenta. Cree que los propios intereses de cada autor son los que determinan por qué formato se acaba decantando. En su caso, al tener otro trabajo, es consciente de que se dedica al mundo de la autoedición porque así lo desea. Concibe a los autores de fanzines, como escritores de colecciones de cuentos cortos que podrían haber producido una novela larga, pero no.

Capas, de Marta Cartu.

«Todos tenemos miedo a comernos una montaña de fanzines en casa. Tanto si aquello que haces tiene éxito como si fracasa, no pasa nada. Esa es la ventaja de ser autor, no estás respondiendo a un encargo. Ojalá que lo que hagas guste, pero si no, pues tampoco pasa nada».

Tras una charla que Ana solamente puede calificar como alentadora, esta se volvió a la huerta con las pilas cargadas y con la certeza de que hay que hacer cosas porque hay que hacerlas, aunque asusten y acabes siendo rico en fanzines. Porque no estamos solos ante ese miedo. Ana espera poder encontrarse pronto con ella, con una cerveza o como Marta dijo, compartiendo puesto en la siguiente jarana.

Podéis ver el trabajo de la autora en su página de facebook Marta Cartu, su instagram @martacartu, y adquirir sus fanzines en www.almanomada.com