4NO CREO EN EL HORÓSCOPO PERO SÍ EN LOS MOLDY PEACHES

Engancharse a un disco, para la que escribe, suele implicar someter al ejemplar a un intensivo de escuchas de una media de 52,4 horas. Mientras permanezco en ese estado de euforia-sed-y-orejas-rojas, además, sufro de una cierta propensión a volver a poner las canciones desde el principio una y otra vez, por considerar que, a ratos, dada mi tendencia a la dispersión, no les estoy haciendo el caso que se merecen. La sensación de no querer perderme nada me acompaña, así, durante las 52,4 horas que dura el ritual.

Una vez completado este proceso, sólo dos cosas pueden suceder: o bien el disco trasciende el mini festival de la obsesión, o bien pasa a formar parte de la subcarpeta del Soulseek que podría renombrar “Discos que casi pero al final no”.

El homónimo de The Moldy Peaches (a.k.a. Los moldy pichis) no sólo pertenece a la primera categoría, sino que se ha convertido para mí en una especie de vara de medir: antes de establecer un vínculo afectivo irreversible con alguien, me aseguro de que le gusta el sushi y le tiendo una amabilísima trampa mortal disfrazada de “escucha esto”. Si son de los que se toman en serio los tests de compatibilidad, pueden imaginarse el resto.

 

Redactado por Carmen Caballero