Crudo Pimento es un universo en sí mismo. La ortodoxia del credo musical de Raúl Frutos e Inma García se percibe en cuanto uno los ve en el escenario. Los instrumentos, prácticamente artesanales, consecuencia del trabajo de luthier de Raúl, suenan de una forma mucho más orgánica respecto de los de otras bandas. En otras formaciones éstos pueden ser meras herramientas de trabajo: para los murcianos conforman su particular visión del mundo. Hay en Crudo Pimento una especie de ese dulce desencanto que separa al lúcido e idealista del enajenado. Y para ponderar la naturaleza de su sonido y esa mixtura y policromía musical, es necesario conocer la mente de unos músicos que no cesan en su empeño de hacer de la música simple y llanamente arte.

 

Formados en el año 2012 tras el impasse del anterior proyecto de Raúl, la sapiencia musical del dúo se percibe en el primer álbum homónimo, donde la música negra, una de las grandes obsesiones del propio Raúl, se percibe con la misma diafanidad que en la de sus héroes. Como hicieron Screamin Jay Hawkins o Leadbelly en la primera mitad del siglo XX, Crudo Pimento también supieron conjurar al Maligno, y Raúl, como una especie de Anton LaVey moderno, lo manifiesta mediante una serie de composiciones en las cuales se percibe también el inabarcable dominio musical tradicional estadounidense y antillana. Porque la Cumbia de muertos que propone el dúo no sólo se ciñe al homenaje a este estilo musical, sino que lo tamizan y filtran en un panegírico de corte humorístico. El selvático y descarnado estilo de Crudo Pimento avanza como un bólido por la autopista que separa la música de dos mundos opuestos en sus planteamientos pero convergentes en sus conclusiones. Herencias musicales que ellos no se limitan a reinterpretar, sino a llevarlas a su terreno, como sucede con los fandangos: Estanco Fight o Patinian Work Song parecen una cita concertada entre la música de Elmore James, James Cotton,  Snook Eaglin o la de Hank Williams. Lecciones de maestría musical y minimalismo; enseñanzas sobre un pasado glorioso sepultado por esa cultura de usar y tirar que ellos sostienen en estas composiciones.

 

 

Estamos en 2015 y han pasado dos años desde el lanzamiento de su primer EP. Conscientes de que tenían que evitar repetir esquema compositivo, lanzan Fania Helvete – un contraste entre la salsa, como en el caso de ‘Fania’, que es el sello más representativo de la salsa, y ‘Helvete’, el sello discográfico de Euronymous, el macabro y emérito líder de Mayhem, la banda más representativa del Black metal-. Un viraje estilístico en el que los murcianos siguen ahondando en la música norteamericana, en esta ocasión centrándose más en el Metal norteamericano de los noventa, que en el roots. Raúl, al igual que muchos músicos que tocaron en bandas del estilo en los noventa, recibió el sonido de Corrosion of Conformity, Pantera, Biohazard o el cambio estilístico de  Sepultura en Chaos A.D o Roots como un sonoro impacto en la cara. Esa interesante relación simbiótica entre el Groove y el Black de Burzum en los guturales, junto con la sempiterna música caribeña que inunda incluso las composiciones más metaleras como Cruza Diablo, Enoquia dadá, Me voy con ellos o Aquí, allí, gato, hacen de este álbum, hasta el momento, el pináculo de un estilo inclasificable y transgresor.

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Si Raúl es el cerebro y el corazón de la banda, sin lugar a dudas Inma es el pulmón. Como sucede a menudo en las mejores historias, o al menos en las más calladas, la Providencia determinó que emprendiese el mismo camino que su pareja. The Ben Gunn Mento Band, el o otro proyecto de Raúl, precisaba de un instrumentista que ocupase el lugar de Tone, que por aquel entonces dejó la banda. Lo que se convirtió en algo improvisado resultó ser una auténtica delicia. Inma, obstinada como una de esas alumnas que recita monocordemente una lección aprendida tiempo atrás y  con  la misma presteza con la que un oficial  dispone a sus falanges en el campo de batalla, interpreta cada una de las canciones con elegancia y solemnidad. Cuando uno la observa tocar se percibe inmediatamente que Crudo Pimento no es sólo un proyecto musical, sino también de seducción. Una historia como la suya a menudo no necesita sólo de la llama del enamoramiento sino también del fulgor del desencanto. Continuamente hablamos del amor como un sentimiento redentor que excluye cualquier atisbo de frustración, sin caer en la cuenta de que pocas cosas unen más a dos personas que la necesidad de forjar sus propias herramientas para combatir la desalentadora realidad de la que son actores principales. Es la sensación que se percibe en cuanto uno pincha sus discos o los ve en directo.

 

Y así es su música: romántica y diabólica. Con la salvedad de que el Diablo que proponen Inma y Raúl poco o nada tiene que ver con el medieval de Dante en La divina comedia. Tampoco es el Luzbel engolado y afectado de Goethe en Fausto o el Satán egoísta que atormentaba a Iván Karamazov en Los hermanos Karamazov de Dovstoievski, no: el Leviatán de Crudo Pimento es agresivo y áspero. La labor musical de los murcianos es una inmensa obra de orfebrería y arquitectura que abarca dos tradiciones musicales absolutamente opuestas como la caribeña y anglosajona. Quizás uno de los grandes méritos de Crudo Pimento como banda haya sido ponerle cuero a Tlen Huicani  y camisas de flores y compases de 13:8 a los citados Burzum y Pantera. El dúo murciano sabe que es necesario conocer la Historia para entender quiénes somos. La globalización ha propiciado que la Música pierda su sustrato artístico para convertirse en un producto en manos de mercachifles sin escrúpulos. Y en una España culturalmente acomplejada y en la que esta disciplina artística se disfraza continuamente ante la incapacidad de convivir consigo misma sin aceptarse, Crudo Pimento son fundamentales para pensar que existen la salvación y la redención.

Redactado por Alexei Raskolnikov.

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